Joaquín Romano Velasco, nacido en 1960, en el periodo franquista de salida de la autarquía, impulsada desde Estados Unidos, por una política expansiva del modelo de capitalismo desde las alianzas con los fascismos.  El recuerdo de esta etapa de niñez y juventud es el de sentir la obligación familiar de abandonar los pueblos, en nuestro caso uno pequeño de Segovia, para ir a buscar el progreso que anunciaban las ciudades, principalmente la capital Madrid, aunque en nuestro caso el destino fue la de Valladolid. Nuestra generación fue la que vivió y creyó ser la juventud protagonista del cambio de la dictadura a la democracia, en los años 1977-78. En estos años, cursé los estudios universitarios de economía de la empresa en la Universidad de Valladolid, y a mediados de los años 80 pasé a ser profesor de esta Universidad para impartir docencia en una nueva titulación de Economía, en cuyo plan de estudios participé defendiendo los contenidos de economía pública y de economía de los recursos naturales. Pese a ser incluidas de un modo marginal, su investigación y enseñanza han ocupado mi vida académica laboral, y han marcado mi vida personal.

Las primeras dos décadas en la Universidad fueron ilusionantes, al descubrir y describir la confusión extendida de que la economía capitalista, que impulsa el individualismo a través de la innovación, nos liberaría de las dos grandes dependencias: la naturaleza y las organizaciones públicas. Ilusión que se desvanece con el comienzo del siglo actual, y las reformas de desmantelamiento de los sistemas públicos, como precio impuesto desde las políticas de la Unión Europea, claramente entroncadas en las de globalización económicas, visibles en la entrada del euro como moneda única en 2002. La limitación profesional que impone el sistema para contribuir a frenar el cambio desde mi propia responsabilidad académica me lleva a iniciar una implicación en diferentes iniciativas críticas alternativas. Desde 2003, además de participar activamente en organizaciones como Ecologistas en Acción,  la Asociación de Economía Crítica, o colaborar modestamente  con «La constelación de los comunes», que dinamiza Palmar Álvarez,   en primer lugar, coordino un centro de interpretación de la vida rural de Castilla y León, dedicado a preservar la memoria de las comunidades rurales, y denunciar los procesos de desmantelamiento de un orden de vida en el que los valores sociales dominaban sobre los económicos. En segundo lugar, a nivel familiar iniciamos el emprendimiento de revertir un espacio agrario industrializado y globalizado para dedicarlo al cultivo ecológico de frutales para consumo de proximidad, denominado La Huella Verde. En estos dos casos, la principal contribución es la de dinamizar acciones y programas educativos de acompañamiento, promoviendo y retroalimentando personalmente la conciencia ambiental y comunitaria.

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